Argentina sería el actual punto crítico de la pandemia de COVID-19

Al final de un ala del primer piso del Hospital Descentralizado Zonal General ‘Mariano y Luciano de la Vega’, en el municipio de Moreno, enfermeras y médicos se alinean diariamente en una ventana con un divisor de plástico y barras de acero, reabasteciéndose de suministros para las líneas del frente: bolsas de barbijos, frascos de gel desinfectante. “Hace un tiempo me dieron cinco viseras”, dijo un trabajador de la salud. “Puedo darle cinco más”, le dijo la mujer detrás del mostrador. Cerca de allí, más allá de un letrero que dice “Administración”, el director del hospital, Emmanuel Álvarez, está navegando por la segunda ola torrencial de casos de COVID-19 en Argentina.

Este día se desarrolló como tantos otros durante la pandemia, con un enfoque agudo en todas y cada una de las camas, haciendo malabarismos con los pacientes de COVID-19 y los que padecen otras dolencias que afligen a la clase trabajadora y la población de bajos ingresos. El personal procesa el equipo, administra los suministros de oxígeno y enseña a los nuevos médicos cómo actuar en medio de una crisis.

“Cada cama es muy importante”, dijo Álvarez, de 36 años. “Debemos llevar la contabilidad minuto a minuto de las camas disponibles. El colapso puede producirse por la COVID-19 o debido a algo más”.

La perspectiva de un colapso es muy real. Argentina ha registrado niveles récord de contagio: 41.000 casos nuevos en un día la semana pasada (última semana de mayo de 2021). El país de 45 millones de habitantes ya suma más de 3,8 millones de casos y casi 80.000 muertes desde que comenzó la pandemia, con una tasa de crecimiento con tendencia al alza, incluso cuando las tasas de otros países comienzan a disminuir. En las últimas dos semanas, se ha clasificado entre los tres países con mayor número de muertes per cápita. Alrededor de 95% de las camas de cuidados intensivos están ocupadas en ocho de las 23 provincias del país, según la Sociedad Argentina de Cuidados Intensivos, con 90% ocupadas en otras cinco jurisdicciones, incluida la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En todo el país, el gobierno dice que 78% de sus camas de cuidados intensivos están ocupadas.

“Tenemos muchos factores en contra”, dijo Álvarez, quien tomó las riendas de este hospital público en febrero de 2021, antes de que el virus llegara a Argentina. En abril, escribió una carta abierta que se volvió viral, instando a las autoridades a poner al país en un estricto confinamiento para sofocar el contagio. El invierno argentino aún no ha llegado y las cepas mutantes del virus, que están asociadas con tasas más altas de transmisibilidad y muerte, están circulando ampliamente. Álvarez dijo que el impacto de las nuevas cepas es visible: los trabajadores de la salud están viendo casos más graves de la enfermedad en pacientes más jóvenes y saludables.

“La gente no entiende el momento histórico que está viviendo”, dijo Álvarez. “El sistema de salud hizo todo lo que pudo, pero no será suficiente. No creemos que sea suficiente”.

El 20 de mayo, el presidente argentino Alberto Ángel Fernández anunció que se activaba otro cierre temporal ya que el país enfrentaba “el peor momento desde que comenzó la pandemia”. Durante nueve días consecutivos, el gobierno nacional prohibió todas las reuniones sociales, cerró las escuelas y lugares de culto y limitó la circulación. En algunos lugares, como la CABA, se permitió que las empresas permanecieran abiertas.

El 31 de mayo, el primer día que se suavizaron las restricciones, Argentina registró 28.175 casos y 638 muertes. El nuevo número de casos diarios aumentó de nuevo a más de 35.000. Y es posible que el número real sea mucho mayor. Argentina ha registrado altas tasas de positividad en las pruebas, 32% esta semana, lo que es una señal de que las pruebas en sí son pocas. Muchos dudan que los nueve días sean suficientes para contener significativamente el virus. Si bien el bloqueo aplastó la circulación, no la extinguió. Algunos predicen que se requerirán cierres intermitentes durante los meses fríos que se avecinan. En una señal de la gravedad actual, los organizadores de la Copa América anunciaron que Argentina no albergaría el torneo de fútbol más grande de Sudamérica solo dos semanas antes de que comenzara.

El Hospital ‘Mariano y Luciano De la Vega’ es, en muchos sentidos, un microcosmos de lo que está sucediendo en todo el país. El 95% de sus camas de cuidados intensivos están ocupadas. Cuando comenzó la pandemia, solo había ocho de estas camas en un hospital que atiende a una población de 150.000. Ahora, gracias a una inyección de efectivo del estado, tiene 31. Argentina tiene un sistema de salud fragmentado compuesto por establecimientos públicos, privados y de la seguridad social. Los públicos son los menos equipados, y es allí donde el gobierno nacional ha centrado sus esfuerzos para combatir la COVID-19, abriendo nuevos hospitales, ampliando las instalaciones existentes y construyendo decenas de centros de aislamiento temporal, unidades clínicas y hospitales modulares, incluido uno en Moreno.

Pero las demandas sin precedentes de la pandemia han complicado la prestación de atención médica. El aumento vertiginoso del precio de los medicamentos y otros suministros provoca retrasos, mientras que el agotamiento extremo entre los trabajadores de la salud ha provocado conflictos entre colegas o con pacientes, dijo Álvarez. “Hay médicos aquí que hacen tres o cuatro turnos de 24 horas a la semana. No es una cuestión de dinero. Lo están haciendo porque saben que es necesario”, dijo. “Entonces, para las personas que dicen: ‘Bueno, el gobierno puede agregar camas, gastar más’, esa no es la manera de resolver esto”.

La manera cómo se trata de contener la COVID-19 y adaptar las políticas públicas asociadas sigue generando fricciones. Con las elecciones de mitad de período en noviembre, la crisis se ha convertido en un combate a gritos en un panorama político polarizado. La oposición acusa al gobierno de Fernández de perjudicar la compra y administración de vacunas y de manejar mal la crisis en general hasta el punto de llegar a la ruina financiera. En febrero, el ministro de Salud renunció por un escándalo por favorecer a personas influyentes en la aplicación de las vacunas. Luchando contra las restricciones y aprovechando el descontento, algunos miembros de la oposición han impulsado marchas contra el confinamiento que han surgido en todo el país y han provocado altercados con la policía. La educación se ha convertido en un tema altamente politizado, con una batalla legal entre el gobierno federal, que buscó pasar al aprendizaje en línea en medio del aumento de casos, y la CABA, que ha insistido en que continúen las clases presenciales. Tras el último confinamiento, el país sigue dividido sobre el tema, con una pequeña mayoría de provincias a favor del aprendizaje en línea.

Mientras tanto, el gobierno con problemas de liquidez anunció nuevas medidas para tratar de detener la hemorragia financiera después de que la economía se hundiera 9,9% el año pasado. El gobierno proporcionó pagos en efectivo de emergencia en 2020 y extendió la ayuda financiera a las empresas, pero la tasa de pobreza aún se elevó a 42% el año pasado. Y aunque el Fondo Monetario Internacional pronostica un crecimiento de 5,8% en 2021, se prevé que la inflación anual alcance a 46%, una cifra desastrosa dada la prolongada crisis de deuda de Argentina.

Más allá de las estadísticas, el costo económico ya es evidente en un lugar como Moreno, una ciudad en las afueras obreras del conurbano bonaerense. Aquí, la pobreza supera el nivel nacional en casi 10 puntos porcentuales. Eso está escrito en los rostros de los que merodean por la Plaza San Martín de Moreno, en plena cuarentena, mientras las madres mendigan dinero para comprar leche para sus bebés.

Argentina vacunó a más de 350.000 personas durante el fin de semana, la mayor cantidad hasta ahora, y el 31 de mayo recibió la mayor entrega de vacunas hasta el momento. Aproximadamente 2,1 millones de dosis de Oxford/AstraZeneca llegaron al Aeropuerto Internacional ‘Ministro Juan Pistarini’, inmediatamente después de los recientes envíos de Sputnik V. La campaña de vacunación, que tardó en comenzar, parece haber alcanzado su ritmo ahora, con más de 20% de los argentinos que han recibido su primera dosis.

Pero para Álvarez, el panorama sigue siendo sombrío: “Incluso si se vacuna a todos en este punto, la curva es tan alta en Argentina que la gente seguirá contagiándose. Espero que el país pueda aguantar”.

 

Fuente: REC

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