Covid-19: Las vacunas más avanzadas usan la tecnología menos conocida

Las candidatas que están más avanzadas se basan en tecnologías sin experiencia postcomercial. Su éxito puede transformar la vacunología, pero supone un gran reto.

Entre las candidatas vacunales contra la Covid-19 que ya están en una fase avanzada de ensayo clínico, predominan las basadas en vectores virales. Una de ellas es la que desarrollan la Universidad de Oxford y AstraZeneca (y que ayer anunció la pausa en su ensayo, al identificarse una mielitis transversa en un voluntario).

El que alguna de estas vacunas se llegue a comercializar contra el coronavirus SARS-CoV-2 supondría un hito por partida doble: por un lado, disponer de una inmunización para una nueva enfermedad pandémica y, por otro, no suficientemente resaltado, transformar el campo de las vacunas con una tecnología innovadora.

“Es un doble salto: se conseguiría una nueva vacuna, con una tecnología para la que no hay referentes con los que compararse, como sí ocurre con las vacunas inactivadas y atenuadas, que están en nuestro calendario vacunal”, apunta Federico Martinón, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS) y miembro del comité asesor de vacunas de la Organización Mundial de la Salud.

Es la misma doble pirueta (triple salto, si se consigue en los plazos de tiempo tan ajustados que se manejan) que podría alcanzar una candidata vacunal que utilice ácidos nucleicos (ADN o ARN), tecnología con la que aún se tiene menos experiencia que con el vector viralNadie duda de que son unos objetivos muy ambiciosos.

Adenovirus

De las vacunas Covid basadas en vectores virales que se encuentran en fase clínica, tres emplean adenovirus humanos; otras dos, incluida la que desarrolla AstraZeneca, se basan en adenovirus simio, y la restante, en el virus del sarampión. Entre sus principales ventajas, destaca que un mismo vector puede servir de base para diferentes patógenos, basta con cambiar el gen o los genes del microorganismo frente al que se quiere inmunizar. Eso hace que resulten relativamente asequibles de producir. Sin embargo, en el caso de los adenovirus, su gran desventaja es que circulan mucho entre los humanos (de ahí que algunas candidatas hayan optado por versiones simias de estos vectores), lo que podría comprometer su eficacia.

En plena ola covídica, el pasado mayo, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) otorgó la autorización de comercialización para una vacuna con vector adenoviral para el virus del Ébola. En diciembre, la agencia reguladora estadounidense FDA había aprobado otra de vector viral, también frente al virus del Ébola, que usa el virus de la estomatitis vesicular.

La experiencia del uso clínico es exigua en el contexto comercial, pero no en del ensayo. Diversas vacunas de este tipo se han estudiado frente a muchas enfermedades, desde la malaria al sida.

Amós García Rojas, presidente de la Asociación Español de Vacunología (AEV), considera que las vacunas de la Covid-19 que incorporan innovaciones en su desarrollo “están generando optimismo, respaldado por los estudios que se publican en las revistas científicas”. Por ello, a pesar de que se investiga en las circunstancias extraordinarias de pandemia, el experto no descarta que la tecnología innovadora pueda tener una oportunidad para consolidarse en el campo de las inmunizaciones.

En opinión de Carlos Martín, catedrático de Microbiología de la Universidad de Zaragoza, en caso de que alguna llegue al mercado, será importante estar al tanto de la experiencia posterior al uso, y de los datos aportados por los estudios de farmacovigilancia (fase IV) que suelen llevar a cabo las compañías.

Como responsable del equipo en la Universidad de Zaragoza artífice de una nueva vacuna contra la tuberculosis -la MTBVAC, que está en pleno desarrollo- Martín sabe bien lo que implica llevar un proyecto de esa magnitud desde su planteamiento teórico hasta el ensayo clínico. Considera fuera de toda duda los procesos de seguridad. “Es habitual durante los ensayos con vacunas que el comité científico independiente (DSMB) del estudio se reúna ante la aparición de posibles efectos adversos”, admite.

De igual forma se manifiesta García Rojas. “Los mecanismos de seguridad en el desarrollo de las vacuna están garantizados. De hecho, lo que ha pasado con el estudio de la Universidad de Oxford es buena muestra de ello: ante un caso detectado en el que aún no se ha establecido la causalidad y que aparece tras contar con muestras de 17.000 personas, por seguridad, se ha parado el ensayo hasta que finalice la investigación pertinente”.

Diversidad

Martín sí echa en falta una mayor diversidad entre las candidatas de los países occidentales que reciben los principales apoyos económicos, con cifras mil millonarias sobre la mesa. Considera que se ha puesto toda la carne en el asador con las vacunas de vectores virales y las de ARN y ADN, pero no ve una apuesta tan decidida por otras estrategias, como las clásicas de inactivación y atenuación (esta última es la que está empleando el grupo de Luis Enjuanes, del CSIC, con la que, por cierto, se cuenta con todas las proteínas de replicación del SARS-CoV-2). “Un simple vistazo al pipeline de las vacunas Covid más adelantadas impulsadas desde Europa y Estados Unidos basta para comprobar ese desequilibrio. Hay varias que comparten estrategia”, comenta.

En China, junto a la candidata vacunal basada en adenovirus de CanSino, otra vacuna que sigue avanzando es la de la biotecnológica Sinovac, de virus entero inactivado. Los resultados preliminares se presentaron el pasado agosto en JAMA y recientemente, se ha anunciado el inicio de la fase III, con la que se espera vacunar a 50.000 individuos.

Un único antígeno

También opina Martinón que las vacunas que están ya en fase III son muy parecidas conceptualmente: “Muchas utilizan vectores virales y tanto estas como las que usan ácidos nucleicos o subproteínas (VPL ) se dirigen a la proteína espicular. Eso puede ser muy bueno, si acertamos la estrategia”.

Entre los datos objetivos de que se disponen destaca que en general el coronavirus SARS-CoV-2 utiliza siempre la misma puerta de entrada: la proteína vírica ‘Spike’ se fija al receptor celular ACE2. “Los estudios de inmunidad indican que esta proteína es el antígeno principal; los anticuerpos frente a ‘S’ parecen protectores y neutralizantes, al menos durante cuatro meses, según han revelado ya algunos trabajos”.

Otra buena noticia es que la variabilidad genética del virus parece baja. No obstante, el pediatra trae a colación algunos trabajos que sugieren que el virus puede infectar otras células sin receptor ACE2, pudiendo alcanzar el tejido pulmonar por otras vías. “Es algo que aún estamos estudiando, debemos contrastarlo”.

El investigador clínico del CHUS, no obstante, considera que hacen falta abordajes más transgresores, como utilizar otras vacunas aprobadas (la de la tuberculosis) para obtener una protección parcial. Esta maniobra “puente” hasta la consecución de una vacuna específica contra la Covid-19 podría tener un impacto significativo. Ya hay ensayos en marcha con la BCG en varios países y confía en iniciar un estudio similar con la MTBVAC a finales de año.

Una 'generación' orientada a evitar la enfermedad

“Estamos ante lo que será probablemente la primera generación de vacunas de la Covid-19, pero eso no significa que no aparezcan otras aproximaciones vacunales, ahora en fase preclínica, que buscan bien otras dianas antigénicas u otros mecanismos de estimulación y control del sistema inmune”.

Sobre esa “primera generación” de vacunas Covid-19 matiza que están orientadas fundamentalmente a la protección de la enfermedad, pero que “aún es pronto para asegurar que también puedan cortar la transmisión; conceptualmente, no parece que vayan a evitar la infección como sí logran, por ejemplo, las vacunas del neumococo o del meningoco, lo que constituye un paso esencial para potencialmente erradicar al microorganismo. Eso solo se sabrá cuando las vacunas lleguen a un uso a gran escala”.

La tarea no va a ser fácil. “Los virus respiratorios son difíciles de abatir, como podemos constatar históricamente”.

Autora: Sonia Moreno (10/09/2020)

Fuente: Diario Médico 

 

Imagen: Markus Winkler on Unsplash

"Ante cualquier duda consulte a su médico, él también nos conoce..."